WILDMIND MEDITACIÓN BUDISTA
Práctica de la Atención a la Respiración

 


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Finalizar la meditación: Estadio “Omega”

Ya hablamos del “Estadio Cero” y dijimos que era una etapa importante, en la cual preparamos las condiciones para meditar, adecuando la postura y la actitud interior. Lo comparo con la etapa en la que mezclamos los ingredientes para hacer un pastel, mientras nos aseguramos que el horno alcance la temperatura correcta. En otras palabras, revisamos que las condiciones estén de acuerdo con los resultados que deseamos obtener.

Sólo que al hornear un pastel, hay también otras cosas que querrás hacer después del proceso, para asegurarte que todo salga bien. Por ejemplo, querrás ponerte unos guantes para sacar el molde del horno y no quemarte las manos y tirar el pastel al piso. Tendrás que ver que, en verdad, el pastel se haya horneado parejo y que no necesite unos minutos más. También, tendrás que ponerlo sobre una rejilla para que no se humedezca.

En la meditación debemos considerar cosas semejantes. Es posible que arruinemos una buena meditación si al apenas terminarla nos levantamos deprisa. Por eso, a continuación veremos algunos consejos para concluir bien una meditación. A este proceso lo denomino el “Estadio Omega”, por ser la última etapa de la meditación, aunque no suele dársele un número.

Date tiempo para absorber los efectos de la práctica

Si no pones atención a los efectos que la meditación tuvo en tu mente y tus emociones, quizá no te des cuenta que han surgido algunos cambios. Esto puede ser desalentador, por no decir más. Por lo regular, desarrollamos un sentido de calma mayor al que notamos conscientemente y si no nos damos tiempo para apreciarlo, podríamos deshacer de inmediato los estados positivos que creamos al sofocarlos con ideas y sentimientos de desaliento y frustración.

Lleva tu meditación al mundo

De alguna manera, el Estadio Omega no es el final de la meditación. Sólo es la transición de la meditación que hicimos sentados, con los ojos cerrados, a la que hacemos con los ojos abiertos, en medio de nuestras actividades cotidianas. La práctica debe tener un efecto benéfico en nuestro modo de vivir. Es más probable que así sea si hacemos la transición entre la meditación sentados y las actividades diarias de una forma suave y elegante.

Te sugiero que recuerdes cómo terminamos las meditaciones guiadas. Nota que recomendamos ampliar tu atención poco a poco. Al final del Cuarto Estadio, estás concentrado en las sutiles sensaciones en la entrada de las fosas nasales. Puedes ampliar tu atención a partir de ese foco y hacerte consciente de todo el proceso de la respiración. Entonces, puedes ir tomando conciencia de todo tu cuerpo, incluyendo otras dimensiones de conciencia, como los sentimientos, emociones y la mente. Para terminar, puedes ampliar tu atención a lo que te rodea, consciente de tus sensaciones externas en cuanto al espacio, los sonidos, los objetos tangibles y la luz.

En realidad, es muy benéfico llevar la meditación aún más lejos, de modo que puedas mantener tu atención cuando te levantes de meditar, hagas una reverencia hacia el altar (si es lo que haces), apagues las velas, recojas tu material de meditación y salgas del recinto. Incluso en ese momento, es bueno que conserves la atención consciente mientras pasas a otra actividad.

Cuando guío una meditación en grupo, a menudo puedo darme cuenta cómo le fue a alguien en su práctica con tan sólo ver la forma en que se levanta y se mueve por ahí. Si hace mucho ruido y deja caer su cojín estrepitosamente al colocarlo en su lugar, puedo apostar a una de dos: o bien no realizó un gran esfuerzo o, si lo hizo, le resultó muy difícil. Si sus movimientos son elegantes y acomoda su cojín en silencio y con cuidado, puedo pensar que con ese mismo estilo, cuidadoso, equilibrado y elegante, hizo su trabajó interno.

Toma tu tiempo para pasar a otra actividad

Una muy buena razón para que salgas de tu práctica con calma antes de hacer otra cosa es que existe la posibilidad de sentir un “choque” emocional, por correr a lo que sigue en tus pendientes. Como ya dije, suele suceder que has desarrollado más calma de la que puedes advertir. Además, otra cualidad que quizá desarrollaste es un alto grado de sensibilidad emocional. Si desdeñas esto, es posible que el primer encuentro que tengas con alguien (quien, probablemente, no estuvo meditando y se encuentra en un estado mental muy distinto al tuyo) puede ser bastante desagradable. Este problema puede reducirse de manera considerable si tan sólo te tomas unos minutos y permites que los efectos de la meditación se asienten. No sé qué es lo que ocurre en este proceso de asimilación, pero supongo que, de alguna forma, la mente inconsciente hace algunos ajustes internos sutiles, para que podamos actuar efectivamente en nuestro trato con los demás.

Si te das unos minutos al final de la práctica, para asimilar la experiencia y hacer una suave y sobria transición pausada entre el cojín de meditación y el mundo de todos los días, a menudo tendrás la sensación de descubrir que puedes encontrarte con personas que podrían, incluso, estar en un estado mental muy antagónico y que puedes absorber con tranquilidad sus emociones, sin que surja en tu mente el menor sobresalto. Como dijo el Buda:

“Si tu tranquilidad es como un lago enorme, ya puede brincar en ella un elefante, que las aguas sencillamente lo cubrirán. Pero si tu tranquilidad es como un pequeño estanque, cuando brinque a ella un elefante, será tal la colisión ¡que sacará toda el agua!”.