WILDMIND MEDITACIÓN BUDISTA
Prctica de la Atención a la Respiración

 


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Retroceder en el proceso

En este punto, puede ser buena idea retroceder un poco en el aprendizaje de la meditación y reflexionar sobre cómo va. No es fácil aprender a meditar. De hecho, creo que es uno de los retos más heroicos que un ser humano puede elegir para hacer con su vida. Aprender meditación implica aprender a verse uno mismo, con todo y verrugas. Es requisito responsabilizarse de sí mismo y no usar a otros como chivos expiatorios de nuestras fallas (“me hiciste enojar”).

Cuando uno está aprendiendo algo, siempre hay altas y bajas. Cualquiera que, ya en la edad adulta, haya aprendido una actividad, por ejemplo, esquiar o patinar sobre hielo, recordará haber pensado: “Esto es imposible” y se arrepintió de haberlo iniciado. Puede pasar lo mismo con la meditación, por eso me gustaría animarte, recordándote que no estás solo y que pasarás por un proceso que otros ya han atravesado y, como ellos, un día estarás del otro lado.

Uno de esos procesos, por los que tantos han pasado, es descubrir que la meditación te trae algunos problemas que nunca sospechaste tener. Antes, nada más tenías un compañero de trabajo que te resultaba molesto. Ahora, te das cuenta que eres responsable de tus estados mentales y que tu irritación es producto de tu propia mente. Claro que la meditación no ocasionó ese problema, sólo te hizo más consciente de él. Al principio, esto puede causar un gran impacto. Puede parecer que sería más cómodo recogerse en la inconsciencia, pero eso ya no puede ser una opción. Una vez que descubres tu responsabilidad en cuanto a tu propia vida y tus emociones, es difícil perder esa perspectiva. Ya viste detrás de la cortina. Ya sabes que el mago es un viejecito que sólo jala de las cuerdas y jamás volverás a verlo como el poderoso Oz.

Otro problema que se relaciona con lo mismo es entrar en contacto con emociones de las cuales, antes, no estabas plenamente consciente. La meditación puede ser un espejo muy preciso y directo. Sin la meditación puede ser muy fácil que nos engañemos y nos veamos más puros, pacientes, socialmente competentes o más amables de lo que somos en realidad. La meditación pule el espejo y esto, también, puede ser un golpe para el sistema.

Cynthia, psiquiatra para niños en Nueva Inglaterra, dice: “Hoy medité en la oficina y noté que realmente me puedo apaciguar después de meditar. También observé lo irritable que me ponía al llegar a casa cuando tenía que tratar con otras personas. ¡Ufff! Ahora desearía poder ser más dulce”. Lo que le sucedió a ella es de lo más común; se tranquilizó lo suficiente como para poder mirarse en ese espejo.

Un estudiante hizo una relación parecida: “Quizá sea coincidencia, pero me sentí muy emotivo, en un plan negativo. No sé si al abrirme en la meditación permití que mis sentimientos más reprimidos afloraran (al quitar de en medio mis ocupaciones)”. También esta fase sucede con frecuencia. Tendrás una percepción más precisa de ti, pero se templará con el sentido del progreso que vayas haciendo. De algún modo, el espejo se torna tetradimensional, así que no sólo puedes verte en él tal como eres; también te verás como eras y como serás. Vernos cambiar y darnos cuenta de lo que podemos llegar a ser es el mayor antídoto contra la inseguridad en sí mismo que yo conozca.

A corto plazo, necesitamos confiar en el proceso. El sendero, al principio, puede parecer duro y rocoso, casi insuperable pero, con el tiempo, mejorarán tu resistencia y condición, así como tu paciencia y tu capacidad de perdonarte. El sendero tiene sus recompensas.